Domingo IV de Adviento
9 de diciembre de 2018

12'00 h.
Iglesia Mozárabe de San Lucas de Toledo


Profecía Isaías 24, 16-23

Catástrofe universal

Pero yo digo: «¡Estoy perdido, estoy perdido, ay de mí!
Los traidores traicionan,
los traidores traman traiciones.
Terror, foso y trampa contra ti,
habitante del país:
el que huya del grito de terror
caerá en el foso;
el que trepe desde el fondo del foso
quedará atrapado en la trampa.
Se abren las compuertas del cielo
y vacilan los cimientos de la tierra».
Se tambalea la tierra con violencia
tiembla la tierra con estruendo,
se agita la tierra con estrépito.
Se tambalea la tierra como un ebrio,
se agita como una choza.
Pesa sobre ella su pecado,
se desplomará y no se alzará más.
Aquel día, pedirá cuentas el Señor
a los ejércitos del cielo en el cielo,
y a los reyes de la tierra en la tierra.
Serán reunidos como prisioneros en la mazmorra,
encerrados en la prisión.
Pasados muchos días, serán llevados a juicio.
Se sonrojará la luna,
se avergonzará el sol,
cuando reine el Señor del universo
en la montaña de Sión y en Jerusalén,
y esté la gloria en presencia de sus ancianos.

Apóstol 1 Carta a los Corintios 15, 22-31

Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida; después el final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, poder y fuerza. Pues Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte, porque lo ha sometido todo bajo sus pies. Pero, cuando dice que ha sometido todo, es evidente que queda excluido el que le ha sometido todo. Y, cuando le haya sometido todo, entonces también el mismo Hijo se someterá al que se lo había sometido todo. Así Dios será todo en todos. De otro modo, ¿qué obtendrán los que se bautizan por los muertos? Si es verdad que los muertos no van a resucitar en absoluto, ¿por qué se bautizan entonces por ellos? Y nosotros mismos, ¿por qué nos exponemos continuamente al peligro? Muero diariamente; lo digo, hermanos, por la gloria que tengo por vosotros en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Evangelio: Marcos 12,38-13,33


Y él, instruyéndolos, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».

Elogio de la viuda

Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Discurso escatológico*

Destrucción del templo

Y cuando salía del templo le dijo uno de sus discípulos: «Maestro, mira qué piedras y qué edificaciones». Jesús le respondió: «¿Ves esos grandes edificios?; pues serán destruidos, sin que quede piedra sobre piedra». Y sentado en el monte de los Olivos, enfrente del templo, le preguntaron Pedro, Santiago, Juan y Andrés en privado: «Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas?, ¿y cuál será el signo de que todo esto está para cumplirse?». Jesús empezó a decirles: «Estad atentos para que nadie os engañe. Vendrán muchos en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, y engañarán a muchos. Cuando oigáis hablar de guerras y noticias de guerra, no os alarméis. Todo esto ha de suceder, pero no es todavía el final; se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambres. Todo esto será el comienzo de los dolores. Mirad por vosotros mismos. Os entregarán a los tribunales, seréis azotados en las sinagogas y compareceréis ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos. Es necesario que se anuncie antes el Evangelio a todos los pueblos. Pero cuando os conduzcan para entregaros, no os preocupéis por lo que habréis de decir; decid lo que se os inspire en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que habléis sino el Espíritu Santo. Y entregará a la muerte el hermano al hermano y el padre al hijo, y se levantarán hijos contra padres y se darán muerte; y seréis odiados por todos a causa de mi nombre, pero quien persevere hasta el fin se salvará.

La gran tribulación

Cuando veáis la abominación de la desolación erigida donde no debe (el que lee, que entienda), entonces los que viven en Judea huyan a los montes, el que esté en la azotea no baje y no entre en casa a coger nada, y el que esté en el campo no vuelva a recoger su manto. ¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días! Orad para que no suceda en invierno. Porque aquellos días habrá una tribulación como jamás ha sucedido desde el principio de la creación, que Dios ha creado, hasta hoy, ni la volverá a haber. Si el Señor no acortase aquellos días, nadie podrá salvarse. Pero en atención a los elegidos que escogió se abreviarán. Y si entonces alguno os dice: “El Mesías está aquí o allí”, no le creáis. Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, que harán signos y portentos para engañar, si fuera posible, a los elegidos. Pero vosotros estad atentos, que os he prevenido.

La venida del Hijo del hombre

En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.

Estar vigilantes

Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

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